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Ha llegado la hora de diversificar el panorama tecnológico


Compartimos con orgullo las historias de nuestros exalumnos en el año de nuestro 50.aniversario


La fundadora de 23 Code Street y exalumna del IB Anisah Osman Britton le ha contado a la revista IB World cómo está acercando el mundo de la programación a las mujeres en el Reino Unido y la India

Anisah Osman Britton está cuestionando el concepto de que el sector tecnológico es un mundo de hombres.

Tras completar el  Programa del Diploma (PD) en el Bilborough College de Nottingham (Reino Unido), Anisah fundó 23 Code Street, una escuela de programación del Reino Unido en la que la tasa que cada alumna paga por sus estudios sirve para financiar una clase para una alumna sin recursos de los barrios pobres de Bombay (India).

La escuela, situada en Londres, enseña a las alumnas los conceptos básicos que necesitan para ser desarrolladoras. En la India, colabora estrechamente con una organización sin fines de lucro de Bombay centrada en la salud de las mujeres, a fin de planificar las clases que se impartirán en la ciudad a partir de septiembre de 2018. 23 Code Street se encargará de las habilidades digitales, que proporcionarán a las mujeres las destrezas necesarias para acceder a trabajos relacionados con el ingreso de datos y recuperar su independencia. En un futuro, 23 Code Street también se encargará de enseñarles programación.

Anisah recuerda que siempre pensó que iría a la universidad después de terminar sus estudios de secundaria, pues ese parecía ser el curso natural de las cosas. “Creo que nunca me había planteado nada que no fuera estudiar en la universidad”, afirma. “Pero gracias al IB me di cuenta de que la universidad no era mi única opción.

“La mentalidad abierta con la que se aborda la educación y la forma en que se anima a los alumnos a cuestionar todo lo que saben me hicieron darme cuenta de que tenía otras opciones y de que, de hecho, contaba con las habilidades y la confianza en mí misma necesarias para escoger otro camino”.

La ausencia de mujeres en el mundo tecnológico

Anisah supo que quería fundar su propia empresa, y después de graduarse en el Bilborough College, realizó prácticas profesionales en empresas de todo el mundo con el fin de aprender todo lo necesario para crear y hacer prosperar una empresa.

“No tenía conocimientos en materia tecnológica. Sin embargo, en cuanto me incorporé al sector de la tecnología, me di cuenta de lo valioso que habría sido haber contado con algunas de estas habilidades en el colegio, y haber hablado del impacto de la tecnología, la ausencia de mujeres en el sector y el cambio en el que podríamos haber participado”.

Hace cinco años, cuando trabajaba en The Bakery, una compañía dedicada a poner en contacto marcas con empresas tecnológicas de nueva creación, Anisah se dio cuenta de que el sector tecnológico era un mundo de hombres. De cada diez personas con las que trabajaba, nueve eran hombres.

“Escuchaba opiniones con las que no estaba de acuerdo, y veía actitudes de desdén hacia las mujeres que no contaban con habilidades técnicas o, aún más importante, que no manejaban la jerga tecnológica. Observé que la mayoría de las empresas de nueva creación con las que trabajábamos estaban dirigidas por hombres, y que las compañías fundadas por mujeres tenían que esforzarse algo más para demostrar su valor”.

“Veía cómo a hombres de países del Tercer Mundo, especialmente de la clase trabajadora en ascenso, se les abrían puertas por el hecho de haber tenido acceso a la tecnología. Y vi productos y servicios en los que parecía olvidarse la existencia de las mujeres”.

Por ejemplo, Apple lanzó una aplicación de salud sin un calendario del ciclo menstrual para las mujeres.

“23 Code Street nació en respuesta a la necesidad de proporcionar a las mujeres habilidades para construir el futuro, ser partícipes de la conversación y diversificar el panorama tecnológico”, explica Anisah.

Empezó por presionar para aumentar la presencia de mujeres en los equipos de The Bakery. Con el tiempo, la proporción de mujeres pasó del 20 al 40 %. Tom Salmon, fundador de The Bakery, se dio cuenta del valor que aportan las mujeres al sector e invirtió en la idea de Anisah de crear una escuela de programación para mujeres.

“Necesitamos que las mujeres marginadas y, con frecuencia, olvidadas en determinadas sociedades cuenten con las herramientas y los conocimientos necesarios para llegar a imaginar los cambios que pueden crear”, explica Anisah.

Atribuye al PD el éxito de 23 Code Street por haberla motivado de una forma que jamás olvidará. “El PD me enseñó a pedir ayuda y a estar agradecida por recibirla, así como a trabajar en equipo. Contrato a personal más inteligente que yo y no me siento amenazada. Animo a los empleados a ser mejores que yo en mi propia empresa, y acudo a ellos en busca de consejo”, afirma Anisah.

“El IB también me enseñó a estar orgullosa de ser feminista. Nunca antes me habían calificado como tal en un sentido positivo. Logré comprender que el feminismo no es otra cosa que luchar por la igualdad. Exploré la historia, la literatura y las ciencias para comprender el papel que cumplen (o que no han cumplido) las mujeres en el mundo. El día de mi graduación, el profesor de Inglés nos dio a todos un libro como regalo de despedida. El mío era Vindicación de los derechos de la mujer (1792), escrito por Mary Wollstonecraft. Lo leí y me di cuenta de todo lo que se ha conseguido hasta el momento, pero también de lo mucho que queda por hacer”.

Expansión por Europa

Hasta el momento, Anisah ha ganado cuatro premios, ha sido finalista del “We are Tech Women” de 2017 y ha sido nominada para el “Forbes 30 under 30” de 2017. Asimismo, muchas alumnas londinenses han completado satisfactoriamente el curso y han empezado a trabajar en el sector tecnológico.

Pero todo esto es solo el principio para Anisah y 23 Code Street. Su deseo es crear más cursos en el Reino Unido y expandir la compañía por otras ciudades europeas. “También vamos a ofrecer los cursos en línea”, señala.

“En la India, queremos crear un modelo sustentable en el que nuestras exalumnas empiecen a capacitar a las alumnas nuevas. En caso de que la compañía cierre (¡lo cual no está entre nuestros planes!), queremos que la comunidad cuente con la infraestructura necesaria para seguir formándose”.


¿Conoce alguna historia inspiradora de algún exalumno del IB? Envíenosla e intentaremos compartirla en el marco de las celebraciones de nuestro 50.° aniversario, durante las cuales queremos rendir homenaje a nuestra comunidad mundial del IB.